Miles de "cucuruchos", devotos católicos vestidos con túnicas moradas que simbolizan penitencia, invaden las calles de la colonial ciudad de Antigua para transformarla durante la Semana Santa en la "Jerusalén de América".
En silencio y formados en largas filas, los "cucuruchos" caminan durante jornadas de más de doce horas al lado de las inmensas andas hechas de maderas preciosas sobre las cuales llevan en brazos las imágenes de Cristo con la cruz a cuestas, en espera de que llegue su turno para llevar las procesiones en sus hombros.
Herencia de los conquistadores españoles y matizadas con ritos de los indios mayas, las procesiones son una de las más ricas tradiciones religiosas guatemaltecas, por medio de las cuales los devotos manifiestan su fe por la religión católica.
Previo a su paso por las empedradas calles de Antigua, los vecinos de esta mística ciudad construida hace más de 500 años, como una expresión de fervor y arte popular, elaboran largas alfombras con serrín, frutas, arenas de colores y flores olorosas, sobre las cuales pasan lentamente las procesiones.
Las Hermandades de los diferentes templos católicos de la ciudad preparan los cortejos procesionales con más de ocho meses de anticipación.
"En coordinación con el párroco y los hermanos directivos de la Hermandad, definimos con anticipación el mensaje que se transmitirá durante la Sagrada procesión. Cada anda requiere de minucioso y largo trabajo, explicó Fernando de Godínez, miembro de la Hermandad de la Procesión de la Reseña de la consagrada Imagen de Jesús Nazareno de la Merced.
Para ser "cucurucho", explica uno de los curas de la Iglesia de San Francisco, de donde cada Jueves Santo sale la procesión de la venerada imagen de Jesús Nazareno del Perdón, "se necesita más que el dinero para comprar el traje que los identifica, y el turno que les permite llevar en hombros al Señor".
"Lo indispensable es la fe, la devoción, pero sobre todo el espíritu de penitencia y sacrificio. Cargar la imagen del Señor, es compartir el sufrimiento que padeció Cristo en su camino al Calvario", refiere el párroco.
El historiador guatemalteco Miguel Alvarez asegura que, pese a su antigûedad, "la tradición de las procesiones no sólo se ha mantenido intacta de generación en generación, sino que constituye una parte esencial de la vida religiosa de los católicos guatemaltecos".
En diferentes épocas y por diversas razones, cuenta Alvarez, muchos gobiernos han pretendido limitar, sin éxito, el recorrido de las procesiones.
"El pueblo ha aceptado muchas imposiciones, pero nunca ha dejado que se le impida sacar las procesiones en la Semana Santa. Los ritos religiosos son más poderosos que cualquier disposición", agrega.
Aunque en el último siglo se ha incrementado la presencia de iglesias protestantes, Guatemala sigue siendo considerado como un país eminentemente católico, en donde, según cifras oficiales, más del 70 por ciento de los 12 millones de habitantes profesan esa religión.
De abuelos a hijos y luego a nietos y bisnietos, la tradición de ser "cucurucho", así como los trajes y los puestos de honor para cargar las procesiones, se van heredando como si de un preciado bien material se tratara.
Las mujeres también participan de forma activa. Vestidas de negro y con velos sobre sus rostros, las devotas cargan sobre sus hombres las imágenes de la Virgen y de María Magdalena, que acompañan a Cristo en su recorrido procesional.
Miles de turistas extranjeros, la mayoría venidos de Centroamérica, EEUU y Europa, observan con admiración los ritos religiosos de los guatemaltecos durante la Semana Santa.
Según el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), este año se tiene prevista la visita de unos 45.000 turistas extranjeros, de los cuales más de 25.000 tienen como destino principal la ciudad de Antigua.
La mezcla de cultura, arte, humanismo y tradición, pero sobre todo de fe y devoción religiosa de la Antigua durante la Semana Santa, han hecho que en esta época esa ciudad sea llamada como la "Jerusalén de América".